III. - La economía del automatismo

Se cuenta que un día el director de una factoría automática Ford en Cleveland (Ohio, U.S.A.) enseñaba los talleres a un visitante, cuando llegaron a un punto en el que, sorprendentemente, un trabajador colocaba a mano pequeños cojinetes en los motores. El director se volvió recelosamente al visitante y le espetó: "Bueno, ¿por qué no me pregunta por qué no hemos puesto una máquina para sustituir a este hombre?" El visitante, extrañado, se apresuró a complacerle; "¿Por qué no lo han hecho?" "Lo hicimos -replicó al huésped con aire profundamente ofendido-, lo hicimos. Y también hicimos cuentas. Y resultaba más barato
volver a poner al hombre."

La historieta nos revela un primer aspecto de la economía del automatismo: cómo la primera industrialización se propone ahorrar trabajadores y lo que cuestan en salarios y conseguir con el mismo esfuerzo un mayor rendimiento. Y este propósito encuentra un primer obstáculo cuando el costo de la máquina es superior a la capitalización de los salarios que sustituye.

Una empresa americana de máquinas automáticas utiliza el "slogan" llamativo de que por cada 5.OOO dólares gastados en máquinas de la empresa puede ahorrarse un trabajador. Como muchas afirmaciones publicitarias, ésta también bordea la tontería. Hay puestos de trabajo en la industria que pueden sustituirse por una máquina de cuatro cuartos y otros en los que la máquina aún no ha sido inventada. Cada operación es un problema económico distinto. Y, sobre todo, las razones para automatizar un proceso generalmente son más complejas que ahorrar unos salarios. En muchos casos se adopta una máquina porque es capaz de ejecutar un trabajo con una precisión o una regularidad o una rapidez que ni un hombre ni muchos hombres a la vez podrían conseguir. Y esto es más verdad todavía de la fábrica en su conjunto que de un puesto de trabajo aislado. Si la producción de automóviles de una fábrica de Detroit quisiéramos conseguirla por medio de artesanos, no sólo nos harían falta un número inconcebible, es que literalmente no podríamos conseguirla (8).

Pero si, sin pretender discutirla, aceptamos la rotunda afirmación del "slogan" publicitario, notaremos un hecho.

Cinco mil dólares traducidos a pesetas son muchas pesetas. Teniendo en cuenta que se calcula en diez años el tiempo de amortización de estas máquinas, que es posible que haya que pagar intereses al capital necesario para su compra y gue su gasto de entretenimiento no es baladí, puede muy bien resultar que la comparación con el salario de un obrero español no resulte ventajosa.

En cualguier caso, es evidente que la automatización es cara, Y no hacen falta muchos argumentos para convencernos. Es cara intrínsecamente (el coste de la máquina-transfer utilizada para fabricar bloques de cilindros en Austin es de 26.OOO libras, y una de las máquinas automáticas de ensamble aludidas en la nota 7 (Dynasert, fabricada por United Shoe) cuesta en Inglaterra (fabricación inglesa) 140.OOO libras; a LEO, el computador electrónico al que nos hemos referido, se le calcula un precio de 100.OOO libras, y al AMZAC, que también hemos citado, cinco millones de dólares) (9). Es cara, además, porque muchas veces está fuera de las posibilidades económicas de la empresa en un momento dado y exige una ampliación de capital o el recurso al crédito. Y es cara, finalmente, porque en muchos casos obliga a replantear toda la producción y en el límite puede resultar más ventajoso construir una fábrica nueva y automática que ir modificando la antigua.

De ahí se deduce directamente que la automatización apela sobre todo a las grandes empresas. Ellas son las que pueden disponer de los ingentes capitales necesarios para instalarla y ellas son las que operan con volumen astronómico de producción que justifica esta instalación y puede amortizarla.
Y aún podemos añadir las grandes empresas de los países económicamente fuertes. Porque son los que poseen mayores disponibilidades de capital y también porque siendo en ellos más altos los salarios es más fácil de capitalizar el ahorro de mano de obra.

En consecuencia, el proceso económico de la automatización podemos imaginarlo paralelo al de la industrialización. Su consecuencia natural será la concentración de capitales y de empresas en núcleos más potentes. Y en los países económicamente débiles será más urgente la inversión de capitales extranjeros.

Y quizá no sea aventurado prever que reforzará la tendencia al intervencionismo estatal en la economía. Por muchas razones, y entre otras, porque la concentración industrial es una tentación al monopolio, la que automáticamente invita a la intervención, y porque la insuficiencia de capitales privados puede ser suplida por empresas estatales o mixtas.

Normalización de productos.

El ahorrar salarios no es el motivo fundamental de la automatización. Se automatiza, como en general se industrializa, para obtener más productos o mejores productos a menos costo. La automatización puede ser interesante incluso si produce un producto más caro, pero de mayor perfección técnica. Pero, en definitiva, ha de conducir, como la producción en serie, a una mayor abundancia y baratura de artículos. El ahorro de salarios es sólo un aspecto del problema económico general, que se resuelve en un cálculo entre los nuevos precios de coste y las posibilidades del mercado.

Por otra parte, el automatismo acelerará un fenómeno típico de la racionalización y la producción en serie, y del más alto interés. Me refiero a la normalización de productos. El automatizar una fábrica no sólo exige una inversión muy considerable, con la esperanza de abaratar la producción; se traduce, además, en una pérdida de flexibilidad. El ideal del automatismo se consigue con mayor facilidad cuanto más reducido sea el número de artículos fabricado y más largas las series.

Este hecho, al menos desde el punto de vista económico, no es un defecto, sino una ventaja. La elevación del nivel de vida en los últimos cincuenta años es a la producción en serie que hay que atribuirla en primer lugar. El artículo único es siempre un artículo de lujo. Ni la bicicleta, ni el coche, ni el teléfono, ni la radio, ni los zapatos, ni el tractor habrían podido llegar a ser artículos populares si hubiesen seguido fabricándose uno a uno. Y muchos años antes en la historia, la invención de la imprenta, uno de los primeros ejemplos de producción en serie, fué el factor capital en la difusiión del libro. Reduciendo los costes la producción en serie aumenta a la vez la producción y el consumo, y en definitiva el nivel de vida.

Apresurémonos a añadir que esto no significa necesariamente una monotonía aplastante en los artículos manufacturados. Mantener la variedad personal dentro de los cuadros de la producción en serie es el problema de la industria moderna, como, en general, el problema de nuestra sociedad es mantener la libertad en los cuadros de la planiticación. En su complejidad el problema escapa a este lugar. Pero lo que sí hay que decir al menos, para no desenfocarlo, es que para la industria lo esencial no es unificar productos, sino unificar elementos. Con las mismas piezas de un "mecano" se pueden construir objetos muy diversos. La industria del automóvil produce modelos distintos cada año conservando constantes muchas partes esenciales. Lo que no tiene sentido es que en España se fabriquen millares de tipos distintos de tornillos, cuando con muchos menos tipos se podrían satisfacer las mismas necesidades por menos coste. En todos los países los organismos de codificación -en España el Instituto de Racionalización- se esfuerzan por orientar esta tendencia, y a pesar de estos esfuerzos, y a pesar de que las técnicas industriales presionan en el mismo sentido, los resultados son todavia insuficientes.

Todos comprendemos que el problema de la vivienda sólo puede solucionarse con la producción en serie de elementos intercambiables. Pero estamos lejos de ver que se aprovechen las posibilidades que la técnica ofrece en este sentido. Y no se asuste el lector imaginando viviendas en serie y en masa. Con los mismos elementos normalizados -viguetas, bastidores, etc.- se pueden construir casas muy distintas. Lo curioso y lamentable es que hoy estamos construyendo casas con aspecto uniforme, pero con elementos que no son de serie, con lo que conseguimos la monotonía de la serie al precio de la producción unitaria.

Y, dejándonos de dar consejos, no hay inconveniente en pronosticar que el automatismo reforzará la corriente hacia la normalización de los productos y de sus elementos integrantes, empezando por los más simples, que son también, lógicamente, los de mayor consumo.

Las industrias pequeñas.

Esta insistencia en la normalización puede tener unas consecuencias aparentemente paradójicas. Hasta ahora la economía del automatismo nos ha parecido netamente favorable a las grandes empresas. ¿Y las empresas pequeñas y medias, que no pueden competir en recursos económicos ni en volumen de ventas con los gigantes de la industria?

Aclaremos que el coste prohibitivo de la automatización se refiere al establecimiento de una factoría totalmente automática o a la adquisición de colosos como las máquinas "transfer" o los grandes cerebros electrónicos. Pero hay elementos de autamatización que están al alcance de una industria de pequeñas dimensiones. Entran aquí mecanismos de control y autorregulación, máquinas múltiples y "computers" de alcance limitado (el trabajo de un "computer" puede incluso contratarse por horas, sin necesidad de adquirirlo e instalarlo). Hay industrias pequeñas, así una fábrica de pasta dentífrica, que podrían automatizarse completamente por un costo reducido.

Indiscutiblemente ciertas empresas deberán desaparecer porque su existencia se habrá convertido en un absurdo económico. Pero a la mayoría -y aquí aparece el tema de la normalización- la difusión del automatismo les enfrentará con un dilema; o reducir el número de productos que fabrican o concentrarse en la producción de uno o varios elementos. Esto es justamente el camino por el que deben orientarse las pequeñas industrias: la especialización. El fenómeno ya ha ocurrido con la racionalización y la producción en serie; la introducción de los nuevos métodos, y a veces simplemente la adopción de una contabilidad de costos, ha llevado al convencimiento de la utilidad de reducir y seleccionar la gama de artículos producidos. Y de esta forma la pequeña industria no sólo puede resistir la competencia con la grande, sino incluso ver como ésta solicita su ayuda. Por razones complejas, y quizá, en el fondo, porque una empresa tiene unas dimensiones óptimas a partir de las cuales aunque crezca no aumenta su eficacia, una gran empresa industrial muchas veces encuentra ventajas en encargar al exterior los elementos que utiliza en vez de producirlos por si misma. Así una fábrica de automóviles puede adquirir en otras empresas no sólo tornilleriá o neumáticos, sino incluso aparatos completos, como magnetos o carburadores. Inteligentemente dirigido hacia la especialización el automatismo puede convertirse en un factor de descentralización industrial, con lo que se compensaría la tendencia a la concentración que indicábamos, y que es siempre socialmente peligrosa.

Ritmo de la automatización.

Sería ingenuo querer hacer profecías sobre el ritmo a que va a avanzar el automatismo. Aparte de afirmar que será bastante rápido, poco más podemos añadir. No podemos porque siempre es comprometido profetizar sobre el futuro de las peripecias humanas y, además, porque la evolución no será uniforme en todas las ramas de la industria ni en todos los países.

Un factor de la evolución lo hemos apuntado ya: unas industrias están más preparadas que otras para su automatización. Las industrias cuyo proceso de producción es relativamente simple -asi las industrias procesuales- y las industrias cuyo proceso esti muy racionalizado -asi las que trabajan en cadena-, son las que más pronto se beneficiarán de los nuevos métodos.

Otro factor queda también apuntado: la potencia económica y el volumen de ventas. Industrias como las del automóvil, aviación, aparatos eléctricos (teléfonos, radios, frigoríficos) son en este caso las privilegiadas.

Y, finalmente, un factor que no hemos considerado hasta ahora, pero de la mayor importancia: Las ramas industriales recientes (electrónica, plásticos, etc.) y las empresas jóvenes en proceso de expansión son las mejor colocadas en la marcha hacia el automatismo. No sólo porque el automatismo requiere capitales y técnicas nuevas, sino, sobre todo, porque requiere estilos de pensar nuevos. El peso de la tradición, con su resistencia al cambio, en este caso es un factor desfavorable.

Obstáculos a la automatización.

Es instructivo tratar de identificar cuáles son los obstáculos que pueden frenar el desarrollo del automatismo. Y lo primero que se nos ocurre decir es que si no avanza más de prisa no será por culpa del progreso técnico. Por graves que sean los problemas que plantee la industria, siempre habrá técnicos ingeniosos que presenten nuevas soluciones. En este momento en el campo del automatismo hay muchas más posibilidades teóricas de las que son aprovechadas en la práctica. Y lo mismo continuará ocurriendo en el futuro.

La falta de capitales ya es otro cantar. Como hemos dicho, la automatización es cara. En algunas industrias y en algunos países puede ser un obstáculo insuperable. Pero en conjunto no lo será.

Los grandes países industriales poseen la masa de dinero necesaria para financiar una automatización progresiva. El mercado de capitales no impedirá ni frenará su avance. Buena prueba de ello es que todos los aumentos de capital destinados a respaldar la automatización de una empresa en los países occidentales se han cubierto sin dificultad, y en este momento constituyen ya anualmente una proporción notable de las inversiones (10). Lo que si hará, evidentemente, el mercado de capitales es marcar el ritmo de la transformación y sus líneas de marcha.

Más posible es que el avance del automatismo sea frenado por limitaciones materiales. Las fuentes de energía de que disponemos empiezan a dar muestras de agotamiento, así el carbón, y sólo la perspectiva de la próxima utilización industrial de la energía atómica puede asegurar la continuidad de un desarrollo industrial acelerado. Más inmediata y tangible es todavía la falta de maquinaria. En este momento las fábricas que construyen los diferentes tipos de máquinas que hemos citado en estas páginas, y en general todas las fábricas de maquinaria, están saturadas de pedidos y en muchos casos han de establecer plazos de espera.

Pero los verdaderos obstáculos para el desarrollo del automatismo surgirán de su impacto en la sociedad y de los problemas humanos que plantea. En las páginas siguientes examinaremos con algún detalle estos problemas y veremos como no tienen fundamento las perspectivas catastróficas que algunas voces apuntan y que el proceso puede ser conducido sin saltos bruscos. Pero siempre hay que contar con la resistencia que la organización social presenta ante todo cambio profundo. Al referirnos a esta resistencia no debemos pensar sólo en la que expresan los sindicatos, preocupados por la suerte que puede correr la ocupación de muchos trabajadores; la actitud de los dirigentes industriales, recelosos ante innovaciones demasiado radicales, puede tener un efecto retardatario más considerable aún (11).

Todos estos obstáculos son superables, en definitiva; sólo nos queda todavía por citar uno que, secundario a primera vista, será el que realmente marcará el paso del automatismo. Me refiero a la escasez de personas capaces de asegurarlo. Puede paracer paradójico que un movimiento destinado a sustituir los hombres en la producción puede encontrar dificultades en la falta de hombres, pero así es; faltarán obreros entrenados en las nuevas técnicas, faltarán dirigentes que las dominen y faltarán, sobre todo, profesionales técnicos capaces de ponerlas en práctica. Dando a la palabra ingeniero una acepción más amplia de la que tiene en España, faltarán, sobre todo, ingenieros especialistas. Las estadísticas sobre promociones de ingenieros y técnicos en los distintos países (U.S.A., Rusia y países de la Europa Occidental) revelan diferencias dramáticas, que intentan compensarse con medidas urgentes. El problema afecta, naturalmente, a todo el desarrollo industrial, pero es en el campo del automatismo donde más pueden notarse sus efectos.

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(8) Hace unos años un país asiático encargó a una empresa de los Estados Unidos los planos y proyectos para una refinería gigante. Según el proyecto elaborado, la refinería iba a costar 50 millones de dólares, incluyendo todos los mecanismos de control automático. Los dirigentes del país en cuestión, con la esperanza de reducir esta citra, rogaron a los proyectistas que suprimieran estos mecanismos automáticos, pues sobrando en el país la mano de obra a un precio insignificante, preferían dar trabajo a más hombres que adoptar controles altomáticos. Los proyectistas reconsideraron el proyecto para tratar de satisfacerles y concluyeron que era imposible acceder a su petición. El control automático no sólo sustituye a unos hombres, sino que realiza un trabajo de una precisión y una complejidad que los hombres no habrían podida efectuar.

(9) En el siguiente ejemplo, que ha sido muy divulgado, la máquina automática no sólo es más económica en su rendimiento, sino que es más barata de coste inicial. (Máquina para fabricar cilindros en Austin.)
Comparación entre el coste por hora de trabajo de la máquina-transfer y 13 máquinas antiguas a las que sustituye:

 

 

Maquina
transfer

Máquinas
antiguas

Coste de adquisición
Superficie ocupada (en pies cuadrados)
Potencia total de los motores
J Interés (al 5 por 100)
K. Depreciación (al 12,5 por 1UO)
L. Seguro (O,25 por 100)
M. Reparaciones (5 por 100)
N. Materiales indirectos (2 por 100)
Q. Renta del espacio ocupado (1S s. por pie)
R. Coste de la energía (1 d. por h.p.
trabajando 240 días de 8 1/2 horas)

25.903
390
90
1.295
3.238
65
1.295
518
292
765

20.850
500
127
1.542
3.849
38
1.542
617
371
1.059

Coste estimado por hora de trabajo de la máquina=

(J + K + L + M + N + Q + R X 240 ) /( 240 X 8,S)

879d. 1.069d.
Coste por hora de trabajo de la máquina "transfer" 879d. = 3_ 13s. 3d.
Coste por hora de trabajo de las máquinas antiguas 1.O65d.= 4 _ 8s. 9d.
Coste por los salarios por hora de trabajo en una máquina "transfer" (produciendo 3.000 unidades por semana) 132 d. = 11s.
Coste de los salarios por hora de trabajo en las máquinas antiguas (produciendo 2.500 unidades por semana 686 d. = 2_17s. 2d.

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(10) Desde luego, el acudir al público para financiar una nueva aventura industrial es una práctica casi abandonada. Laautomatización se finanza generalmente con cargo a las reservas o al crédito de la propia empresa, o, en el caso de empresas nuevas, por la participación de otras interesadas. Pero el resultado para la economia es el mismo. Notemos, como dato curioso, que las grandes empresas americanas del automóvil han solicitado la ayuda económica de sus proveedores para automatizarse.

(11) El menor progreso del automatismo en Inglaterra respecto a Norteamérica hay que atribuirlo en primer lugar al mayor conservadurismo de los dirigentes industriales del Reino Unido.